Jerry Siegel se encontraba sirviendo en el frente (en oficinas, no en el frente, frente) en plena segunda guerra mundial y la editorial aprovecho la situación para apoderarse de un personaje que había dado vueltas por la mesa de trabajo de Jerry: Superboy.
A diferencia de la “familia” del Capitán Marvel, Superboy no era el ayudante de Superman, ni ningún hijo, sobrino o pariente lejano suyo. Era el propio Superman en sus años adolescentes, cuando estaba empezando a desarrollar sus poderes, y era el personaje ideal para aumentar las ventas entre los más jóvenes. La editorial, intuyendo un nuevo filón, no dudo demasiado en robarle el personaje a su creador y publicó su primera historia, posiblemente con guión del propio Jerry en More Fun Comics #101. En esta ocasión no hubo ningún contrato de por medio ni nadie había renunciado a los derechos del personaje por unos cuantos dolares. El personaje pertenecía sin ninguna duda a su creador y la editorial no tuvo ningún escrúpulo para explotarlo a su conveniencia. Jerry no tardo mucho en expresar sus quejas a la editorial, lo que era suyo era suyo y no tenía ninguna intención de entregárselo a nadie, sobre todo después de haber perdido a su creación más rentable. Leibowitz ya sabía como enfrentarse a estos arrebatos de ira y en esta ocasión le restregó por la cara el contrato que la pareja había firmado para trabajar durante 10 años en la compañía. Gracias a eso los chicos tenían trabajo fijo y lo que era más importante, lo iban a tener en los años venideros, estuviera el mercado en la situación que estuviera por lo que era mejor mantener la boca cerrada antes de verse a obligado a romper un contrato antes de tiempo. Sin embargo esta vez el asunto no iba a caer en saco roto.
Uno de los compañeros de filas de Jerry era abogado y una fuente de consejo legal para este tipo de problemas. En principio las conversaciones entre ambos versaban única y exclusivamente sobre Superboy, para demandar a la empresa y recuperar lo que era suyo, pero con el paso del tiempo, el abogado fue convenciéndose de que había un trofeo más grande en juego y decidió que podían ir a por todas: a por Superman. Era un movimiento muy arriesgado ya que si ganaban iban a conseguir unas ganancias millonarias. Sin embargo la derrota no les dejaba muchas salidas ya que las malas relaciones con su jefe y la fecha de finalizacion del contrato de diez años acercándose por el horizonte estaban haciendo naufragar cualquier esperanza de conseguir un trato justo.
La guerra acabo con la victoria aliada y Jerry volvió a su trabajo en la editorial. Allí comprobó que sus temores de antes de ser mandado a filas se habían confirmado y que la editorial había depositado toda la parte artística del personaje en otras manos. No hacia falta mucho más para demandar a sus jefes e intentar recuperar lo que era suyo.
1947, el juicio estaba a la vuelta de la esquina, pero antes sucedió un capitulo clave que cambiara la vida de Jerry. Los chicos fueron invitados a un baile de disfraces que la sociedad nacional de dibujantes realizaba en Nueva York. Joe, que seguía carteándose con Joanne, la chica que había posado para ser su Lois Lane, sabía que estaba en la ciudad y la invito al baile para recordar los buenos viejos tiempos. Ella acepto encantada y como era un baile de disfraces, quería asistir caracterizada como el personaje de Lois Lane, pero con el juicio tan cerca prefiero cambiarse a algo menos polémico, concretamente a un personaje de las tiras de prensa bastante famoso por esa época llamado Dixie Dugan, una despampanante morenaza. Fue aparecer de tal guisa en el baile y Jerry se la comió con los ojos. No tardo ni un momento en acercarse a ella, agarrarla del brazo y llevarla de un lado a otro para presentársela a todo el mundo. Ya no era la muchachita que se había presentado hace 12 años en su puerta para posar por unos dolares, ahora era toda una mujer que había pasado por un mal matrimonio y que estaba encantada de ver a aquellos “jovencitos” tan adorables. No se separaron ni un momento en aquel baile y a partir de entonces empezaron a verse más a menudo. Jerry estaba casado y tenía un hijo al que no veía casi nunca. Raramente hablaba de su matrimonio de puertas afuera y no parecía estar muy enamorado de su actual mujer. Sin embargo, con Joanne volvia a sentirse como un adolescente y la pregunta inevitable no se hizo de esperar: ¿ Te casarias conmigo si me divorciara de mi mujer ? Sí, ella se casaría con el si llegara ese momento.
Los amores furtivos tuvieron que ser dejados a un lado cuando el juicio comenzó a los pocos meses de aquello. Siegel y Shuster demandaban a DC por dos motivos, el primero, la anulación de la validez del contrato por el que se cedían los derechos de Superman, y la segunda era para que se le reconocieran los derechos sobre Superboy. La cosa no fue nada bien, un año más tarde, la corte suprema de Nueva York dio la razón a DC sobre la validez del contrato. La editorial era la propietaria absoluta de todos los derechos del personaje y sobre ese punto no había que nada que hacer. Pero lo de Superboy era diferente. Los abogados de la DC habían defendido la tesis de que Superboy no era un personaje diferente sino una versión más juvenil con otro nombre. El juez no acepto ese argumento y su resolución fue bastante clara al respecto:
“Esta bastante claro para mi que al publicar Superboy la editorial actúa ilegalmente. No puedo aceptar el punto de vista del demandado de que Superboy es en realidad Superman. Pienso que Superboy es un entidad distinta y totalmente separada. “
Este punto había sido una derrota total para la editorial que tenía que indemnizar a Jerry por el uso del personaje, pero incluso en la adversidad siempre había una manera de sacarle beneficios a la situación. Un mes más tarde de la sentencia la editorial llegaría a un acuerdo con Joe y Jerry por el cual pagaría 94.000$ por la cesión de los derechos de Superboy. En el trato también estaba incluido que ellos tendrían a reconocer a DC como la única propietaria de todos los derechos de Superman para todas las formas de reproducción y representación existentes ahora o en un futuro. Esto quiere decir que habían renunciado a los derechos de los videojuegos y dvd incluso antes de que su existencia fuera ni remotamente conocida.
Aquello fue una victoria pírrica. El contrato de 10 años estaba a punto de llegar a su fin y la editorial no pensaba contar más con ellos. Joe y Jerry tendrían que buscarse la vida alejados del personaje que seguía generando unos pingües beneficios a la editorial. De momento las necesidades no acuciaban, contaban con suficiente dinero aparte de la indemnización, así que con su talento y un poco de esfuerzo seguro que conseguirían conseguir trabajo en otra parte. No en vano eran los creadores de Superman y seguramente abrirían montón de puertas con sola esa mención.
Para saber que pasó con Jerry y Joe fuera de DC, tendrás que esperar a mañana.
Para saber que pasó en el juicio de los derechos de Superboy tendrás que esperar a la semana que viene.
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